Tips para mejorar comunicacion entre la pareja

Los cuatro errores más frecuentes en la comunicación matrimonial

Gottman, profesor emérito de Psicología de la Universidad de Washington y sus colaboradores, tras estudiar cientos de matrimonios, pudieron predecir -con un 90 % de probabilidades de acierto- si un matrimonio sería feliz o fracasaría, ya que hay ciertas formas de comunicación que perjudican considerablemente la relación matrimonial. A continuación enumeraremos los errores más frecuentes en la comunicación matrimonial, descritos por este autor:

1. Las críticas: aparecen en forma de quejas o a través de comentarios que culpabilizan al otro, lo que se asocia a un ataque contra su persona.

2. La actitud defensiva: es el contraataque ante la crítica para reivindicar la inocencia o para evitar asumir la responsabilidad ante un problema.

3. El desprecio: es la crítica reforzada con hostilidad e indignación. Suele manifestarse con sarcasmo, burla, insultos o agresividad.

4. La actitud evasiva: cuando la persona que escucha se retira de la conversación sin dar indicio físico o verbal de que lo que escucha le está afectando.

Mejor quejarse que criticar

Es recomendable verbalizar los aspectos negativos que van ocurriendo en la relación matrimonial. Para realizarlo de forma adecuada, es mejor utilizar la queja que la crítica.

Veamos las diferencias: La queja: Sara dice a Juan: “La cocina está desordenada. Quedamos en que la recogeríamos por turnos” • La queja describe el hecho negativo. • Separa a la persona del hecho (hacer una cosa mal no significa ser malo).

La crítica: “¿Por qué eres tan despistado? Te toca a ti limpiar la cocina”. • La crítica incluye palabras negativas sobre la otra persona.
La queja es mejor que la crítica. Es preferible decir: “Lo que estás haciendo me molesta” que “eres un despistado”.
Cómo plantear las quejas Antes de plantear una queja hacia la otra persona hay que evitar tener un tono emocional negativo. Si estamos irritables o molestos, por mucho que se conozcan las técnicas de la comunicación, será muy difícil mantener una conversación constructiva. Utilizando técnicas sofrológicas sencillas como la respiración, la eliminación de tensiones físicas y la programación futura, se puede mantener un tono emocional equilibrado y sereno.

Con este sentimiento de tranquilidad, se ha de elegir un momento oportuno, un lugar tranquilo, sin distracciones y si es posible, solos. Ante todo hay que evitar criticar el carácter o la personalidad del otro y describir el problema en términos de la propia percepción y no como una verdad absoluta. Es importante hablar de un solo problema y evitar tratar otros sucesos ocurridos en el pasado. Sobretodo hay que terminar explicando de forma positiva cuáles son los deseos y necesidades.

Cómo responder ante una queja A nadie le gusta escuchar una queja con respecto a cosas referentes a sí mismo o a sus propios actos. En general, se tiende a responder con una actitud de defensa o de contraataque. Esta actitud puede reforzar un ambiente hostil que después será difícil de reconducir. Cuando se escucha la queja del cónyuge, se recomienda mantener una actitud serena, escuchar y sobretodo evitar ser demasiado susceptible. En este caso es mejor detectar cuáles son anhelos positivos que se encuentran detrás de la queja y buscar juntos la forma de evitar que aquel suceso se vuelva a repetir.

El perdón genera paz: Los resentimientos hacen que las heridas se infecten en nuestro interior. Pedir perdón y perdonar genera paz. El perdón nos libera a nosotros mismos y hace que ambos cónyuges salgan beneficiados. Hay que pensar que el perdón, aunque está estrechamente unido a las vivencias afectivas, no es un sentimiento, es un acto de voluntad que hay que desarrollar en nosotros mismos. Una de las claves de una convivencia armónica está en aprender a perdonar las pequeñeces que van surgiendo a lo largo de la vida.

Compartir las emociones negativas: Hay parejas que evitan sistemáticamente los problemas y/o desarrollan el hábito de reprimir sus sentimientos negativos. Cuando la pareja se enfrenta a una crisis, como enfermedades graves, muerte de un familiar, pérdida de empleo, etc… necesita poder compartir sus sentimientos de dolor, tristeza… para encontrar consuelo. Al no estar acostumbrados, es posible que no sepan cómo intercambiar sus propias emociones. Ello puede generar un mayor distanciamiento.

Saber escuchar: Es tan importante compartir las emociones como saber escuchar. Cuando el cónyuge comparte sentimientos de tristeza o preocupación hay que mostrarse receptivo. En estos momentos, el cónyuge agradece la escucha, el apoyo en lugar de recibir consejos que no haya pedido. Juan le decía a Sara: “estoy preocupado, porque están despidiendo a muchas personas en el trabajo”. Ella le respondía: “tendrías que esforzarte más en el tema que te asignaron”. Aunque ella podía tener razón, en ese momento Juan necesitaba escucha y comprensión. Sara aprendió a escuchar y a actuar como testigo de los sentimientos de su marido con una mirada afectuosa y una palabra de cariño. Supo postponer el afán de solucionar el problema en ese momento. Hay momentos en los que es mejor compartir los sentimientos que analizar o querer resolver los problemas.

Acostumbrarse a compartir momentos positivos Juan y Sara empezaron a hacer planes para compartir momentos positivos juntos. En lugar de quedarse todo el domingo en el sofá viendo la televisión, programaron salidas con sus hijos o con otros familiares y amigos. Por otra parte, les recomendamos buscar una cita, por lo menos dos veces al mes para hablar solos de su vida matrimonial, familiar y laboral. Es esencial saber compartir las emociones positivas. Para ello hay que saber tener momentos de descanso a lo largo de la vida cotidiana. Hay personas que solo encuentran esos momentos durante las vacaciones, pero la vida diaria nos brinda mil oportunidades para disfrutar de pequeños momentos a los que podemos dar mucho sentido.

Virtudes de los cónyuges Para facilitar una relación serena y positiva, recomendamos reforzar algunas virtudes que nos servirán para saber comunicar nuestras emociones, aceptar las quejas, plantear los pequeños conflictos y perdonar con facilidad.

Recomendamos potenciar estas virtudes: – La prudencia para saber cómo decir las cosas. – La humildad para expresar los sentimientos y para aceptar las quejas. – La perseverancia para hacer el bien aunque cueste. – La paciencia ante uno mismo y los defectos del otro. – La tolerancia ante aquello que no cambia.

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