Los principios en el liderazgo

La mayor nostalgia que se escucha en el vox populi es- ¡No hay lideres!.- Pero la reflexión a realizar es, ¿porque debo esperar a un líder?- sino mas bien empezar a engendrar lideres y hacernos lideres, de nuestras propias vidas. El encontrar nuestra propia voz interior radica en el potencial que nos fue obsequiado al momento que fuimos gestados. A eso llamamos dones naturales. Entre los dones naturales encontramos: la libertad y capacidad de elegir, leyes y principios naturales o universales y nuestra inteligencia o capacidades (mental, física, espiritual y emocional-social).  Después de la vida misma la facultad de elegir es nuestro mayor don. El ser humano actúa, el animal reacciona, entre el estimulo y la respuesta hay un espacio importante, en el reside nuestra capacidad de elegir. La facultad y la libertad de elegir contrastan con una mentalidad de victimismo permanente y de la cultura de la culpa. No importa lo que haya pasado, lo que nos esté pasando o lo que nos pueda pasar existe un espacio entre esas cosas y nuestra respuesta a ellas, pues “si queremos aportar algo nuevo debemos prepararnos de una manera totalmente nueva” (Stephen R. Covey). Quizás como lo expresan los pensadores de la gestión estemos iniciando la era de la sabiduría que no es mas que gestionarse así mismo, o bien un liderazgo basado en principios. Los pensadores de la gestión clasifican las eras en cinco: 1. La Era del Cazador-recolector. 2. De la agricultura. 3. Industrial. 4. Era del conocimiento y de las comunicaciones. 5. La era de la Sabiduría. Actualmente seguimos con mentalidad de industria, consideramos a las personas como gastos, a las maquinas como activos, nos motivamos basados en premios y castigos. Cuando desecho seres humanos menos “óptimos” en la inseminación in vitro, como si fuera solamente un órgano y no  persona. Esto ha llevado a la peor degradación del humano, hoy mas que nunca consideramos al individuo como “objeto” no sujeto. Así se acrecienta una sociedad insultada, alienada, despersonalizada y genera una cultura sindicalizada, pleitista y judicialista. Se cree que el liderazgo es para pocos, porque se considera que lo que se decide hacer solo esta en manos de quienes se encuentran en posiciones de poder o autoridad, se ha accedido quizás de manera inconsciente a ser sometidos y controlados, ya sea en el ámbito social, empresarial, político y cultural. Nos acostumbramos a pedir, a que nos sirvan, a esperar indicaciones, a hacer lo mínimo, no dar mas de lo que soy capaz, ese circulo vicioso nos conduce a la co-dependencia, hasta el punto que nadie asume sus propias responsabilidades, y se culpa al líder formal si hubo un error o se aplaude si hubo un acierto.

La sabiduría, consiste en vivir guiados por principios o leyes naturales, que son universales, intemporales e indiscutibles. No es posible gozar de confianza duradera sin honestidad; pensemos en ello, es una ley natural. Así surge un concepto subyacente, la autoridad natural y la autoridad moral. La primera refiere al dominio de las leyes naturales, no se puede ignorar lo evidente solo seguirlas. La segunda es el ejercicio basado en principios de nuestra libertad y nuestra facultad de elegir, mediante el uso humilde de nuestra libertad. Los valores son normas sociales que deben estar subordinados a los principios. Asi por tanto, tener autoridad moral es vivir bajo valores que estén subordinados a principios, pues nuestra conciencia es la depositaria de ellos. Si bien los valores controlan la conducta, los principios controlan las consecuencias de la conducta. Muchos de los fracasos sociales, radica en la falta de confianza, un jefe que exige honestidad, sin embargo su vida privada esta llena de mentiras, infidelidad, proporciona una reacción de desconfianza en su entorno laboral, y así se puede llevar dicho ejemplo a otras esferas, porque se ha perdido la autoridad moral a la cual todos estamos en el deber de recuperarla, para iniciar el liderazgo basado en principios. “Detrás de cada vida noble están los principios que la han formado” (George H. Lorimer). Los principios no son negociables.

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